2016 —
El salto a la industrialización.
“En 2016, nuestro principal reto era claro: dar el salto y ser capaces de fabricar varias casas a la vez. Haciéndolas de una en una no se logra el rendimiento económico necesario para seguir creciendo.“
El salto a la industrialización
En 2016, nuestro principal reto era claro: dar el salto y ser capaces de fabricar varias casas a la vez. Haciéndolas de una en una no se logra el rendimiento económico necesario para seguir creciendo. Necesitábamos una nave más grande, con más capacidad y espacio, y fue así como encontramos la solución en Ontinyent. Ahí comenzamos a dar los primeros pasos hacia la industrialización de lo que ya sabíamos hacer: la construcción de una casa. Ahora, además, éramos capaces de desmontarlas, transportarlas y montarlas de nuevo.
Con las nuevas instalaciones, nos enfrentábamos al desafío de ser más eficientes, y contábamos con el conocimiento de nuestros socios en la gestión de grandes obras. Ellos nos ayudaron a organizar equipos y tareas de manera eficiente, y comenzamos a construir módulos más grandes, lo que nos permitió crear casas de tamaño medio. A la vez, nos propusimos mantener un alto nivel de calidad, pero dentro de un precio razonable para el cliente. Mi hermano seguía vendiendo casas, a pesar de la reticencia de algunos clientes que, debido a la falta de conocimiento sobre la construcción modular, pensaban que la calidad no sería tan alta. Sin embargo, conforme avanzábamos en nuestro proceso, la calidad se mejoraba progresivamente gracias a la industrialización del sistema, y siempre era un placer ver cómo los clientes recibían más de lo que esperaban.
Fue en Ontinyent donde comenzamos a trabajar de manera secuenciada. Los gremios no paraban, salían de una casa y entraban en otra. La producción no se detenía, y de ahí surgió la necesidad de pensar en procesos y en cómo organizar las tareas repetitivas para mejorar nuestra eficiencia.
A la par, en las oficinas de Valencia, nuestro equipo crecía rápidamente. Aparecieron los primeros departamentos: el de proyectos, ventas y, poco después, el departamento financiero. Mi hermano y yo seguíamos gestionando todo, aunque él se encargaba de la atención inicial y yo de los proyectos una vez que el cliente tomaba la decisión de contratarnos.
En la fábrica, comenzamos a hacer pruebas de cómo optimizar las tareas. Cada vez había menos tareas y las podíamos hacer más rápido. El cambio era palpable. El número de operarios aumentaba rápidamente, lo que también implicaba una mayor producción.
En este momento, nuestros plazos de fabricación comenzaron a reducirse drásticamente. Ya no hablábamos de meses, sino de semanas de producción. Con las implantaciones la cosa también mejoraba, en poco tiempo logramos montar una vivienda completa en un solo día. Y no mucho después, conseguimos que la implantación de las casas fuera tan eficiente que podíamos tenerlas listas antes de la hora del almuerzo.
La mecanización de tareas hizo que nuestra producción fuera mucho más eficaz, lo que nos permitió seguir optimizando costes, vender a más clientes y ejecutar proyectos de mayor tamaño y mejor calidad. De hecho, montamos un showroom en Ontinyent donde los clientes venían a visitarnos, y el producto ya se vendía por sí mismo.
2016 fue el año en que comenzamos a ver los frutos de nuestra decisión de industrializar el proceso. Lo que antes era una idea abstracta, empezó a convertirse en una realidad mucho más eficiente, profesional y atractiva para nuestros clientes.