La clasificación del suelo determina su régimen jurídico y, en consecuencia, su capacidad real de edificación. En la práctica, es lo que define si se puede construir de forma inmediata, si será necesario esperar a futuros desarrollos o si, directamente, existen limitaciones que lo impiden.
Cada terreno está sujeto a unas condiciones urbanísticas definidas por el área de urbanismo del municipio correspondiente, que determinan su clasificación y las posibilidades de uso y edificación. Estas condiciones se recogen en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), el documento que organiza el desarrollo del territorio.
Por eso, antes de iniciar cualquier proyecto o adquirir un terreno, es fundamental conocer su clasificación urbanística, si se trata de suelo urbano, urbanizable o no urbanizable. De ello dependerá no solo qué se puede construir, sino también cuándo y bajo qué condiciones.
- Suelo urbano: suelo que ya dispone de urbanización y servicios básicos como calles, agua, electricidad y saneamiento. Es el tipo de suelo donde normalmente se permite construir viviendas.
- Suelo urbanizable: son terrenos previstos para desarrollarse en el futuro, pero que todavía pueden necesitar procesos administrativos como planes parciales o proyectos de reparcelación antes de poder construir.
- Suelo no urbanizable o rústico: generalmente no permite construir viviendas residenciales, salvo casos muy específicos vinculados a actividades agrícolas o situaciones excepcionales.
La calificación del suelo hace referencia al uso asignado a un terreno y a las posibilidades de edificación que este permite. Cada tipo de suelo cuenta con unos usos definidos según la normativa urbanística vigente. De forma general, estos usos pueden agruparse en dos categorías:
- Usos generales: no concretan el tipo de construcción que se desarrollará, sino que establecen un destino amplio del suelo.
- Usos específicos: determinan con mayor precisión la función del terreno, pudiendo ser residencial, industrial, cultural, religioso, entre otros. En este caso, el tipo de edificación condiciona directamente el uso asignado.
No todos los terrenos permiten construir una vivienda, por lo que conviene verificar este punto antes de realizar la compra.
Tipologías de vivienda permitida
Dentro del uso residencial, la normativa urbanística también define la tipología de vivienda que puede construirse en la parcela. Las tipologías permitidas para viviendas residenciales de carácter unifamiliar son tres: adosada, pareada y aislada. Aunque en inHAUS realizamos viviendas unifamiliares aisladas el 99% de las ocasiones.