Las residencias más exclusivas suelen surgir cuando las soluciones habituales dejan de ser suficientes.
En muchos casos, sus propietarios no encuentran en el mercado una vivienda capaz de responder a sus necesidades, no por una cuestión de superficie, sino porque su forma de vivir requiere espacios, relaciones y usos diferentes a los de una vivienda convencional.
Recibir invitados durante largas estancias, trabajar desde casa con total privacidad, albergar colecciones de vehículos, incorporar espacios dedicados al bienestar, al deporte o al entretenimiento, o incluso integrar edificios auxiliares independientes dentro de la misma propiedad son situaciones habituales en este tipo de proyectos.
Por ello, la arquitectura deja de organizarse en torno a programas residenciales estándar para construirse alrededor de un estilo de vida específico. Cada decisión de diseño responde a una pregunta muy concreta: cómo quieren vivir sus propietarios.
Grandes espacios abiertos conectados con el paisaje, recorridos cuidadosamente estudiados, zonas independientes para invitados, áreas privadas completamente separadas de los espacios sociales o pabellones especializados forman parte de los recursos habituales de estas residencias.